Mi primer negocio no tuvo web ni logo. Tuvo cartones.
01El puesto de cartón del parque
De muy pequeño monté un stand en el parque de mi pueblo, hecho con cajas de cartón, para vender mis propios juguetes. No recuerdo cuánto saqué aquel día. Lo que sí recuerdo, con toda claridad, es la sensación de que alguien te dé dinero por algo que has montado con tus propias manos. Ahí empezó todo. Desde muy pequeño quería tener mi propia oficina, así que me monté una oficina provisional en casa: una mesa, el ordenador y mis cosas ordenadas como si aquello fuera una empresa de verdad. Para mí lo era.
02Rosas de papel de aluminio, puerta por puerta
Poco después llegó el segundo negocio. Mi padre hacía rosas con papel de aluminio y le pedí que me hiciera unas cuantas. Cogí a un amigo y recorrimos el pueblo puerta por puerta, vendiendo rosas a quien nos abriera. Visto con perspectiva, aquello ya lo tenía todo: un producto, una ruta y la necesidad de convencer a un desconocido en diez segundos. Es exactamente lo que sigo haciendo hoy, solo que con otras herramientas.
03A los 7 años, el primer blog con mi prima
A los 7 años hice mi primera web: un blog personal que monté con mi prima. Después vinieron las aplicaciones. No fue una decisión de carrera; fue pura curiosidad por entender cómo funcionaban las cosas que usaba y, sobre todo, por poder construirlas yo mismo. Desde entonces no he dejado de programar ni un solo año. Esa mezcla, vender desde niño y construir desde niño, es la base de todo lo que hago.
04De los 8 a los 15: bromas, masajes, yayas y gaming
A los 8 años abrí con un amigo un canal de bromas en YouTube. Grabábamos, editábamos y publicábamos nosotros mismos, y ahí aprendí lo que ninguna clase te enseña: qué hace que alguien se quede mirando y qué hace que se vaya. A los 10 años ya no me conformaba con usar las redes sociales que existían: intentaba crear las mías propias, mis primeras redes sociales caseras, sin saber todavía ni una palabra de programación de verdad — a base de probar, copiar lo que veía y romperlo todo una y otra vez. No funcionaban, claro, pero esa obsesión por entender cómo se construye una plataforma por dentro, en vez de solo usarla, no se me ha ido nunca. A los 11 descubrí que se podía cobrar por resolver un problema real y empecé a hacer masajes por dinero. Después vinieron dos cosas más: mezclar música y dar clases de informática a las yayas del pueblo, explicando con paciencia el correo, las fotos y las videollamadas a quien nunca había tocado un ordenador. Y de los 13 a los 15 tuve un canal gaming en YouTube, con el que entendí de verdad lo que es crear contenido de forma constante para una comunidad. En esa misma época diseñé y creé una tienda online de ropa para mí y para mi grupo de youtubers: nuestra propia marca, con sus diseños y su web, vendida a la gente que nos seguía.
05Comprar en China, vender en Wallapop y las primeras marcas
De tanto en tanto compraba productos en China y los revendía en plataformas de segunda mano como Wallapop. Sin saberlo, aquello era mi primera escuela de comercio: buscar producto, calcular márgenes, hacer fotos, escribir el anuncio y negociar con el comprador. El paso natural fueron mis primeras tiendas online y marcas propias: elegir producto, diseñar la marca, montar la tienda, hacer la publicidad y atender al cliente. Cada euro invertido era mío, así que aprendí rápido qué funciona y qué no.
06De ahí a Surper e Influxed
Con toda esa experiencia acumulada, con Surper convertí esa forma de trabajar en una agencia: webs, SEO, publicidad, automatización e inteligencia artificial para negocios reales que necesitan vender más, no leer más teoría. En 2023 fundé Influxed para profesionalizar la representación de creadores de contenido en España. Ahí es donde la mayoría de historias como esta se detienen. La mía no.
07La lista que llevo desde niño
Desde muy pequeño no quería solo vender una cosa. Quería construir un negocio, y después otro, y después otro. Tenía — literal, escrita a mano, en una libreta — una lista con los negocios que algún día quería montar. No se la enseñaba a nadie. No era un propósito de Año Nuevo ni una frase motivacional de pared: era el objetivo real que ordenaba mis decisiones desde crío. Hoy esa lista existe todavía, y la estoy cumpliendo uno a uno, no de golpe ni por casualidad.
08Cuando nadie confiaba, ni en mí ni en mis proyectos
Esto no es una moda ni un personaje que me haya montado ahora que "emprender" está de moda en redes. Llevo con esta mentalidad desde niño, en una época en la que a un crío con una libreta llena de negocios no se le tomaba en serio — ni la familia, ni los profesores, ni los amigos con los que se suponía que tenía que estar de fiesta en vez de programando. Escuché muchas veces que aquello no iba a ningún sitio, que me buscara "algo serio", que era una fase. Nadie confiaba ni en mí ni en lo que estaba construyendo, y durante años no tuve nada que enseñar que lo demostrara — porque todavía no había terminado nada. Seguí de todas formas, sin validación externa, porque la convicción venía de dentro, no de que alguien me dijera que iba por buen camino. Eso es lo que diferencia una mentalidad de fondo de una moda pasajera: la moda necesita aplausos para sostenerse: esto lo sostuve yo solo, años, sin ellos.
09Los años en silencio
Mientras Surper crecía de día — clientes, campañas, entregas, la vida normal de una agencia — de noche seguía construyendo el resto de la lista. Muchas horas y muchas noches sin dormir. Mientras otros de mi edad salían de fiesta, yo estaba delante del ordenador. No salía apenas los fines de semana. No es una frase para dar pena ni para presumir: es literal, y lo cuento porque explica algo que si no, no se entendería — por qué de golpe, en pocas semanas de este 2026, ha "aparecido" una decena de proyectos que en realidad llevaba años construyendo en privado mientras gestionaba y hacía crecer Surper en paralelo. No fueron ideas improvisadas de un fin de semana. Fueron años de desarrollo silencioso, avanzando en cada uno un poco cada noche, hasta que estuvieron listos para salir.
10Por qué nada de esto es casualidad
No es una colección de hobbies ni un capricho de "voy a probar esto también". Todo está pensado como una estructura de verticales que se sostienen entre sí. Surper es el motor: la agencia de marketing y desarrollo que da soporte digital — web, automatización, publicidad, inteligencia artificial — a cada negocio nuevo que monto. Y a la vez es el canal de distribución: cuando desarrollo una plataforma SaaS a medida, el primer sitio donde la pruebo y la ofrezco es a mis propios clientes de Surper, antes de llevarla al mercado abierto. Cada vertical alimenta a las demás en vez de competir por mi atención por separado. Eso es lo que me permite sostener tantos frentes a la vez sin que ninguno dependa de que los demás vayan bien.
11Casi todos los modelos de negocio digital, probados
Esa forma de trabajar me ha llevado a montar, probar o mantener negocios en casi todos los formatos que existen en digital: ecommerce y marketplaces (Devolith, Surper Market), SaaS propio (WebScore, Crece, Herbalify, BioCure Lab, izawards.es), apps móviles (CarnetB Pro), afiliados y contenido propio (una red de más de 29 webs de Amazon Afiliados, 13 sitios con AdSense, Seguidores Express), ciberseguridad (CyberMaresme), videojuegos (Wobbledash Studios), editorial digital (Ledepor Books), inversión automatizada (Surper Quant), ticketing para discotecas y festivales (Tixbeat), representación de talento (Influxed) e impacto social (la ONG Una Sola Tierra). Si existe un modelo de negocio digital, es bastante probable que ya lo haya montado — aunque solo fuera para entender por dentro cómo funciona de verdad, no de oídas.
12Cómo trabajo hoy
A toda esa experiencia práctica le sumo formación continua en ventas, finanzas y emprendimiento — nunca he dejado de estudiar cómo se hace esto bien, además de aprenderlo a base de construirlo. Si buscas a alguien que te diga lo que quieres oír, no soy tu asesor. Si buscas a alguien que lleva toda la vida vendiendo y construyendo, que sacrificó salidas y horas de sueño por tener claro su propósito desde niño, y que te diga lo que funciona y lo levante contigo, hablemos.
0Años construyendo
0Marcas propias
0Proyectos digitales propios